lunes, 17 de octubre de 2011

De las moscas muertas sálveme Dios, que del resto me salvo yo (parte 2)


Podrían decir que me han hecho tomar de mi propia medicina. Pero no lo dirán. Porque si algo me diferencia del resto, es que siempre fui así. Siempre celosa, renegada, loca, violenta, insegura e inconstante. E incluso, frígida. Nadie puede decir nada, porque siempre me hice cargo.
Resulta que la Mosquita Muerta se puso celosa. Porque me reuní con La Otra y acordamos algunos detalles.
La Mosquita M. estaba de viaje, vistando a su familia, mientras yo estaba trabajando. Antes de que partiera a las rutas, le mandé un mensaje de texto. Le preguntaba como iban. A lo que me responde: recién estamos saliendo. Ah! que bueno, le contesto, buen viaje. No recibí respuesta.
Luego llamé a mi madre en su día y me quedé sin crédito. Fui a almorzar a lo de mi suegra, y el evento era a la noche. Llego a mi casa y la gata estaba en la calle, la subo a mi casa (segundo piso) y la dejo salir por el balcón. Se cuelga de un cable (tipo Flavio Mendoza) y cae al vacío. Los gatos no caen parados.
Andaba media renga, y estresada (los gatos se estresan con facilidad) y en eso le dan arcaditas (mi vida...) así que la llevé a una veterinaria que está abierta todos los días 24 hs. Bueno, no tenía nada. Me dijo que si vomitaba, la llamara, así le daba algo. Pero no pasó a mayores, el vacío eran 6 metros. Pero en la caida, se le cayeron un par de uñitas de adelante. Así que ahora tiene el balcón clausurado (hasta que se le descansen las piernita, así me dijo mi marido). No almorcé.
Me bañé, y me fui a la casa de La Otra, que también tuvo un día movidito. Cargue crédito, por las dudas tenga una emergencia, y le compré un chocolate a mi socia. Me daba vergüenza caer sin nada. La Mosquita M. es mi sangre, pero lo otra no. Y nunca voy sola a la casa, menos un domingo, menos el día de la madre. Pensé en mandarle un mensaje de texto a La Mosquita M., estaba preocupada por la ceniza y el alerta vial. Pero al llegar a la casa de La Otra, comencé a hablar (no suelo hacerlo, soy escondedora). Se ve que no ir a terapia tiene sus bemoles. Y se me pasó. Tenía la cabeza en otro lado.
Y de ahí a lo de mi suegra a cenar (again).
Hoy a la mañana, me encuentro con una Mosquita M. muy enojada. No le había mandado mensaje por el día de la madre. Le di todas las razones. Pero no. Sacó unos viejos (viejísimos) trapitos al sol.
Le dije, bueno, vos tampoco me mandaste. "Vos no sos madre" me dijo. Y yo tenía una respuesta, muy certera. Pero me la reservé. Porque yo estoy cambiando.
Y se, que mi medicina, es intensa.
Cintia C.

3 comentarios:

  1. Juaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!! Esto se pone muy bueno!!! Sangre de su propia sangre!!! Ya empecé a ser la otra, la amante.... mientras chocolate con almendras!!

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  2. ahhhhh bueno al menos Cintia va al veterinario.Que avance!

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  3. que barbaro con que altura y con que comicidad se encaran y sacan sus trapitos al sol jajajaaj

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